Como era la costumbre mes tras mes, fuimos citados mi esposa y yo por el Colegio Fray Luis de León a recibir las boletas de calificaciones de mis hijas que cursaban en ese entonces el 1º y 2º año de secundaria. No bien había tomado mi lugar a donde por cierto llegamos con unos dos o tres minutos de retraso y yo con una sonrisita de empatía, cuando alcancé a entender cortadamente que la maestra tutora decía: “…nosotros sabemos todo, porque los niños platican aquí todo lo que sucede en su casa”. Sin comprender a fondo tan soberbia declaración y con lo que medio entendí, mi expresión se desdibujó y acto seguido, o sea de inmediato pasé a encab…diablarme.
Conteniéndome con tal de entender bien a bien las razones de tal desafío, pronto me di cuenta que la maestra se defendía de la reclamación de una madre molesta por un reporte hecho a su hijo por indisciplina. Como quiera que fuera el chuzo ya nos había traspasado a todos los padres de familia ahí presentes, creo que hasta los más despistados lo notaron. Como es de esperarse, a mis adentros comencé a rumiar contra la profesora y pensaba: “ajá, con que usted sabe lo que pasa en mi casa valiéndose de la candidez de mi hija”; malo, muy malo, esto lo tendremos que arreglar, me dije.
Avanzó la reunión y las excelentes calificaciones de mi hija gracias a Dios me enfriaron un poco y con ello la reflexión de que en realidad a mi no me afectaba la insolencia, si bien me parecía un ataque a mi privacidad en mi casa no tenía cosa alguna que ocultar.
Al paso del tiempo como maestro en la escuela dominical, me di cuenta en carne propia de la transparencia e inocencia de los niños que sin reparo alguno y con toda espontaneidad sueltan las noticias que ocurren en su hogar sin importar el color de la nota. Aunado a esto reflejan como un espejo la historia diaria de su casa.
De manera que al transitar de la niñez a la adultez, también se da el paso del candor a la hipocresía digna del Oscar de la academia a la mejor actuación, aunque lo aprendido en casa siempre nos delate. El caso es que los niños siguen dando sus noticias cotidianamente y nosotros los adultos también, basta detenerse unos minutos ante la tele o darle un vistazo al periódico para encontrar noticias en todas las secciones que van desde crímenes que ya ni asombro nos causan, grandes avances de la ciencia médica, condones para niños, en Gran Bretaña niños enfermos de sexo, orgullo gay, políticos que no cumplen acuerdos, otros que se roban el presupuesto, otros que se lo gastan sin ton ni son y cínicamente, pandillerismo, drogadicción, alcoholismo, líderes sindicales rateros (criaturas del gobierno), hijos de líderes religiosos que solicitan cantidades millonarias para guardar silencio y por favor agregue usted lo que guste y quiera.
Lo que si me queda muy claro es que yo y usted reflejamos como espejo a nuestro alrededor, la leche buena y la leche adulterada que nos dieron a beber en casa. Lo busco la próxima ocasión.
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