martes, 5 de octubre de 2010

La Cubeta



¿Ha escuchado usted la gracejada que compara una cubeta llena de cangrejos con un grupo de mexicanos?   -donde se dice-: que el cangrejo que intenta salir de la cubeta en vía de escape seguro será jalado por otro al fondo de la misma, haciendo así imposible su libertad.
Mal, pues igual sucede conmigo y con usted; por favor contradígame. Porqué se dice que podemos perdonar casi todo a nuestro amigo, conocido o pariente, pero nunca le perdonaremos el éxito.
El egoísmo nos brota con tal naturalidad que para donde fijemos nuestra atención, casi seguro ahí está presente.
El otro día me platicó una maestra de 6º grado de primaria que al inicio del ciclo escolar observó que uno de sus nuevos alumnos seguía la lectura del libro en una página equivocada, pero curiosamente movía la boca tratando de seguir lo que se leía.  Cuando le pidió que leyera “leyó” algo muy parecido a la lectura real en la página equivocada.
Pasado el incidente lo llamó a su escritorio y… ¡oh sorpresa! descubrió que su pupilo no sabía leer. Esto no es cuento, es real, sucedió aquí en Tampico, y no porque el niño estuviera menso, tonto o tarado, nada de esto, no veía bien, el inocente era miope, necesitaba anteojos el infeliz chamaco.  Y ante tal desgracia había desarrollado la memoria “engañando” a sus maestros cada vez que leía.  En un descuido hubiera llegado así a la preparatoria ¿usted cree?
A esta anécdota le podemos poner el adjetivo que usted quiera, yo solamente le digo que es una evidente muestra de EGOISMO.
Considere usted lo siguiente y corríjame; tuvo cuando menos seis maestros antes de la maestra de 6º que por suerte descubrió el problema, pero lo más impresionante, lo peor, no se enteraron del problema sus progenitores, abuelos, tíos, etc. Como consecuencia no lo ayudaron, ni se dieron cuenta que el chamaco era corto de vista.
Es así que cuando menos 20 personas alrededor de él, no se interesaron en él, me pregunto ¿Por qué?
Sencillamente por egoísmo, nos basta decir a nuestros adentros “mi vida es otra”, “ahí te ves”, “hay sebastián las paga”, “yo no sé nada”, etc.
El tema en esta nota no es la educación en México, espero tener oportunidad de dar después mis puntos de vista, pero entre paréntesis, la mayor culpa de tanto burro en nuestro país es de los padres y madres de los escuincles. Pero, esa es otra cuestión. 
Volviendo al punto, lo que pasa es que no guardamos lealtad y mucho menos fidelidad a nuestra comunidad, a nuestros compatriotas. Por eso para dondequiera que usted vea, ya sea el taxista, el cajero de la oficina pública, el maestro, el médico, el comerciante, el político, el columnista, los meseros, los abogados, los empresarios, el cura, el pastor protestante,  yo,  todos para acabar pronto y usted también,  nos importa un pepino el prójimo aunque siempre digamos lo contrario.
Son pocos, muy pocos los mexicanos que verdadera y genuinamente desean una nación mejor y a estos les resulta tan difícil jalar la carreta llamada México que casi desfallecen en la desesperación.
¿Cuántas personas están a su alrededor y se preocupan por usted, deseándole que le vaya bien cada día?: ¿una?, ¿cinco? ¿veinte? En esa medida nos va.
¿Qué hicimos mal?
Lo busco en la siguiente, porque voy a jalarle la pata a un cangrejo que se me está escapando de la cubeta y no lo puedo permitir.

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